Muchas áreas de la actividad humana –la medicina, el transporte, el ocio, etc.- han sufrido cambios sustanciales gracias a la ciencia y tecnologías modernas. Pero un área que apenas ha cambiado es la escuela. ¿Por qué?
A menudo se dice que actualmente nos encontramos en la era de la información o más bien debería dominarse la era del aprendizaje, ya que la cantidad de cosas que se aprenden en este mundo es mucho mayor que en el pasado. No hace mucho tiempo, y aún es así en muchas partes del mundo, los jóvenes aprenden las destrezas que van a necesitar en su trabajo para el resto de sus vidas. Ahora, existen muchas personas empleadas en oficios que no existían cuando nacieron. La aptitud más importante para determinar que camino va a seguir una persona en su vida ha pasado a ser ya la de aprender nuevas destrezas, aprender nuevos conceptos, enjuiciar nuevas situaciones, hacer frente a lo inesperado. Y esto será cada vez más cierto en el futuro: LA CAPACIDAD DE COMPETIR ES LA CAPACIDAD DE APRENDER.
El poder competitivo de una nación en el mundo moderno es directamente proporcional a su capacidad para aprender, a la combinación de esa capacidad en los individuos y en las instituciones de la sociedad.
Japón es un caso notable en el mundo contemporáneo de nación que ha construido su éxito sobre la capacidad para aprender de la sociedad – la capacidad y voluntad de las instituciones y de los individuos por aprender -.
La velocidad del cambio en el lugar de trabajo no es el único factor que incide en la creciente importancia de la capacidad de aprender. El que nuestras acciones tengan consecuencias a escala global hace aún más urgente la necesidad de comprender lo que estamos haciendo. La destrucción de las capas superiores de la atmósfera, la crisis del SIDA, la explosión demográfica, la descomposición social en las ciudades y pueblos, la difícil situación en el continente africano y, en general, todo lo que ocupa los titulares de los periódicos son ejemplos de algo mucho peor que se nos puede venir encima si los seres humanos no cobramos el suficiente ánimo para aprender, como no lo habíamos hecho hasta hora, nuevas maneras de pensar.
Dentro de las tendencias actuales, la tecnológica; la misma revolución tecnológica responsable de esa imperiosa necesidad de mejorar el aprendizaje también nos ofrece los medios para actuar de forma efectiva. Las tecnologías de la información, de la televisión a las computadoras y cualquier combinación de las mismas, nos abren un amplio abanico de oportunidades para tomar medidas en la mejora de la calidad del entorno de aprendizaje, que no es más que el conjunto de condiciones que contribuyen a que el aprendizaje vaya tomando forma en el trabajo, en la escuela y en el juego. La mayor contribución de las nuevas tecnologías a la mejora del aprendizaje se centra en la creación de medios personalizados capaces de dar cabida a una amplia gama de estilos intelectuales. Son los niños los que más visiblemente han puesto de manifiesto el poderoso efecto de unos medios adecuados a sus preferencias intelectuales; son ellos quienes pueden beneficiarse más, pero son ellos también quienes tienen más que ofrecer.
En todo el mundo los niños han iniciado un largo y apasionado romance con las computadoras, con ellos llevan a cabo todo tipo de actividades, aunque la mayor parte del tiempo la dedican a jugar, utilizan las computadoras para escribir, dibujar, comunicarse, para obtener información. Algunos los utilizan para ampliar su círculo de relaciones, y contradictoriamente otros los utilizan para aislarse.
Este romance es más que un simple deseo de hacer las cosas con las computadoras, introduce también un elemento de posesividad y, aun más importante, de afirmación de la identidad intelectual. Son la generación de las computadoras.
¿Qué hay detrás de éste romance? ¿Hacia dónde se dirige? ¿Pueden las viejas generaciones canalizarlo hacia formas constructivas o destructivas? ¿Cómo afecta al aprendizaje la relación entre niños y computadoras?
Llegar a comprender esta relación será crucial para nuestra capacidad de configurar el futuro.
En el mundo moderno es preciso pensar en el cambio educativo como algo que incumbe a todos los sectores de la sociedad.
Seymour Papert [2004]
domingo, 13 de diciembre de 2009
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